6 de junio de 2026
La mujer relató una experiencia cercana a la muerte después de un grave accidente de tránsito y aseguró que ese episodio cambió por completo su forma de entender la vida
Lo que ocurrió después de un grave accidente de tránsito marcó para siempre la vida de una joven de 19 años. Murió por 13 minutos, aseguró que se reencontró con su abuelo fallecido en "el más allá" y volvió con un mensaje impactante que recuerda hasta el día de hoy.
La protagonista de esta historia, Nicole Kerr, se había incorporado recientemente a la Academia de Cadetes de la Fuerza Aérea por pedido de su papá. Mientras volvía a la base junto a un cadete de mayor rango, el hombre le hizo insinuaciones; tras ser rechazado, pegó un volantazo.
El vehículo impactó contra una enorme roca, ella salió despedida y cayó violentamente al suelo. Cuando los equipos de emergencia llegaron al lugar, la encontraron encogida y con el cuerpo gravemente afectado por el choque.
"Los vi cubrirme con esa manta con una indiferencia que me pareció completamente natural", recordó la ex cadete de la Fuerza Aérea en diálogo con un medio. Según contó, poco después comenzó a ver "rayos de luz blanca brillante" que la rodeaban por completo.
Antes de que los paramédicos lograran reanimarla, estuvo 13 minutos sin signos vitales. Durante ese tiempo, aseguró haber vivido una experiencia que jamás imaginó y recibió una revelación que terminaría cambiando su vida para siempre.
Al recordar lo que vivió después del accidente, Nicole aseguró que una intensa luz la rodeó por completo y que experimentó una profunda sensación de tranquilidad. "En lugar del dolor del impacto, solo sentí paz. Entonces, me recibió un ángel, que reconocí como mi difunto abuelo", dijo la mujer, que hoy tiene 62 años.
Según relató, esa figura le mostró que la vida que estaba viviendo no era la suya. También le transmitió que todavía no era su momento y que tenía que regresar.
No se tomó nada bien ese pedido. "La idea de volver a un cuerpo destrozado era insoportable. De hecho, discutí con él. Le grité que no quería irme y que quería quedarme en esa dicha para siempre. Pero no tuve otra opción", recordó.
Mientras, en la escena del accidente, un transeúnte con formación como técnico en emergencias médicas intentaba ayudarla. Para comprobar si existía alguna reacción, le aplicó una fuerte presión con los nudillos sobre el esternón, una maniobra utilizada para generar una respuesta al dolor.
Fue entonces cuando apareció una señal alentadora: una de sus pupilas reaccionó. A partir de ese momento, los paramédicos iniciaron maniobras de reanimación cardiopulmonar y, una vez en el hospital, fue trasladada de urgencia al quirófano.
La chica tenía múltiples fracturas, la pelvis destruida, una muñeca gravemente dañada, importantes traumatismos en la cabeza y el tórax, además de un pie que estuvo cerca de ser amputado por las lesiones nerviosas.
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